Wenses y Lala: El único amor ‘para siempre’ es el sencillo

Todo el mundo siempre dice “yo quiero un amor bonito”, y no los juzgo, hasta antes de ver la obra de teatro Wenses y Lala yo también quería uno; pero ahora veo lo absurdo de eso, lo que yo en realidad debería querer, y lo que todos deberíamos querer es un amor sencillo.

Sentados en una banquita, de una madera rústica y tosca, nos encontramos a Adrián Vázquez (actor y dramaturgo) y a Teté Espinoza representando a cualquier pareja de abuelos. Los tuyos y los míos. Como cuando ibas al rancho (yo sí iba) y te sentaban a desgranar mazorcas, mientras te contaban cómo fue que se conocieron… una y otra vez, hasta que sacaras (yo no lo hice) una moraleja de eso y aprendieras algo del amor.

Wenses y Lala es una representación gráfica perfecta de lo que es el amor, pero no el complicado y “moderno”, no con un “me dejó en visto” ni con un “pero sólo somos amigos”. Es un amor “sencillo”, de esos que sólo aparecen en las películas de la edad de oro del cine mexicano.

Lala cuenta su historia desde que era una niña, la hija de una mujer que cantaba y que era feliz hasta que su esposo la dejó para hacerse una mejor vida en Estados Unidos, y con quien jamás volvió a cruzar palabra. Luego ella dejó a su hija, porque se murió, y aunque no dicen de qué yo siento que fue de amor, porque lo que sí te cuentan es que, antes de pasar a mejor vida, nunca más cantó.

Wenses y Lala: El único amor 'para siempre' es el sencillo
Wenses y Lala: El único amor ‘para siempre’ es el sencillo

Por su lado, el tímido Wenses, a quien las palabras se las tienes que ir sacando, recuerda cómo fue que asesinaron a sus padres, y cómo decidió no vivir en un orfanato y mantener a Lala desde que era un jovencito, atendiendo la tienda de sus padres.

Y así se van, caminando por cada año de sus vidas, aclarando desde el principio que ellos ya están bien muertos, para que no llores, porque odian a los llorones, pero eso es simplemente inevitable.

Decir que es una verdadera obra de arte se queda corto, y no porque no lo sea, sino porque las obras de arte le “hablan” diferente a cada persona, y Wenses y Lala no, ni siquiera lo intentan. Ellos cuentan su historia tan claramente como el río en donde mojaban sus pies cuando se enamoraron, sin otra intención más que formar parte de la que yo creo, es la máxima de la escritura: todas las historias deben ser contadas.

En poco más de una hora, se va recreando un amor tan único y tan similar al que existía antes, mucho antes de que hubieran divorcios, de que se pudiera elegir a alguien más, cuando te enamorabas más del alma de una persona que de lo que traía puesto.

No sé cuándo volverán a transmitir esta joya, pero en cuanto lo hagan o cuando al fin tengamos la oportunidad de irnos a sentar a un teatro hazte un favor y vela, porque debes saber que mis palabras no le hacen justicia en absoluto.

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